Si no conectas con los cuentos es que no estás leyendo los apropiados , sentenció Samanta Schweblin días atrás en una entrevista con la agencia EFE. La frase de esa gran cuentista argentina, radicada en Berlín desde hace 13 años, no sólo es bella también es precisa. El cuento es una forma consustancial a la naturaleza humana (la novela siempre será el divertimento de una élite); nos conecta con las narraciones escuchadas con deleite o con pavor al calor de una lumbre en una cueva. La brevedad torna esencial a la historia (¿a quién no le gusta que le relaten una buena historia?) y magnifica la belleza -o la flaqueza- de una prosa. Aquí venimos, pues a elogiar una recopilación de cuentos.
Con premeditación y alevosía (Editorial Luvina, 249 páginas) es el fruto de una vida dedicada a las

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