Del diminutivo de un curso de agua, a República. El Saladillo es y fue el lugar en el mundo de miles de rosarinos. El barrio tiene bandera, escudo, canción y periódico . Se codeó con la historia grande, tuvo mansiones y luchas sociales pero también memoria y transformaciones. El arroyo le cedió identidad, la inmigración perfiló su población y los lugares icónicos hoy ofician de puente entre un pasado de orgullo y un presente activo que no olvida. Historiadores y habitantes buscan entre los pliegues del recuerdo para presentarlo, una vez más, en sociedad a través de las páginas de La Capital.

“Ahí bajás, y después tomás el tranvía número 8 . Le decís al guarda que te avise en la avenida Lucero, una cuadra antes de llegar al frigorífico Swift. Ahí bajás y enseguida encontrás la botica

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