La falda globo sabe de regresos como de órbitas: cuando vuelve, no lo hace, gravita. Si el oversize fue por años una conversación sobre el afuera —el espacio, la tela como refugio, el cuerpo corrido del centro—, el globo reinstala el argumento en la silueta. No oculta: propone. No agranda: esculpe abajo para afinar arriba. Nació de la mano y la aguja de Cristóbal Balenciaga en la década de 1950 como un gesto de costura que se animaba a la esfera, a la arquitectura textil que desbordaba lo previsible. Su modernización, ya en los 80, la potenció en volumen; pero fue recién a principios de los 2000 cuando se convirtió en ícono pop, un estampido de globo pinchado que dejó marca en la retina del vestir.
El regreso que empezó a insinuarse en 2024 no fue una repetición de museo. Lo que asoma par

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