“Sí, es la primera vez. Se había dormido una hora antes. No, no estaba resfriado ni tenía fiebre. Se despertó de pronto, agitado y tosiendo como perro… o, mejor, como una foca. Le costaba respirar. No vimos si le cambió el color… Estábamos muy asustados. Yo tenía miedo de que se ahogue… Usted sabe, que pasara lo peor.”

Madre y padre intercalan frases que construyen un relato interrumpido por sus propios sollozos.

El hijo -6 meses de edad y hasta ese momento sano-, los había enfrentado a una de las escenas más angustiantes para padres primerizos: un ahogo nocturno.

“Corrimos a la guardia. Yo creo que mejoró en el camino. Seguía tosiendo, pero no tan seguido; incluso estaba tranquilo. Nos atendieron muy bien; dijeron que era una infección respiratoria ‘alta’ (porque el pulmón estaba ‘limp

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