Porque esta vez no fue un reto, no fue “anda a terapia, campeón”, no fue una probation ni una perimetral que él se pasaba por zonas impúdicas. Esta vez la Cámara Civil de Mar del Plata en su Sala 1, le metió la mano bien hondo en la billetera al energúmeno y le sacó nada menos que $18.000.000 de condena, que con intereses e inflación ya trepa cómodamente por encima de los $22 palos. Veintidós millones de razones para que se le caiga la cara cada vez que mira la cuenta bancaria y a sus vecinos amigos y conocidos.
Diez años de insultos, amenazas de muerte, trompadas, patadas en la puerta, expulsiones del hogar a las tres de la mañana y mensajes que daban miedo leerlos en voz alta. Diez años en los que él convirtió la casa en una jaula y a ella en una presa. La víctima, arrastró trastorno de

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