En el amanecer de la nueva carrera espacial, cuando las agencias públicas y las empresas privadas prometen turismo orbital , naves reutilizables y estaciones comerciales, la realidad más incómoda vuelve a imponerse : en un entorno donde todo está calculado al milímetro, donde la ingeniería alcanza grados casi obsesivos de perfección, sigue bastando un fragmento minúsculo para dejar a una tripulación sin vehículo de regreso.

Los últimos, los chinos .

La fragilidad invisible. En realidad, basta con muy poco , un tornillo, una astilla metálica, un grano de pintura que avanza a 28.000 km/h, para dejar varados a los astronautas. El reciente episodio de la Shenzhou-20 , probablemente golpeada por un fragmento tan pequeño que ni siquiera podía rastrearse, ha vuelto a demostrar que,

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