Cuando Calum Macdonald llegó a la frontera vietnamita, no podía leer los formularios administrativos que tenía delante. Lo único que veía era “una luz caleidoscópica cegadora”.
Acababa de bajarse de un autobús nocturno con sus amigos desde el popular destino turístico de Vang Vieng, en Laos, país que limita con Vietnam, Camboya y Tailandia.
El día anterior, el grupo se había alojado en un hostal donde se ofrecían tragos de whisky y vodka gratis a los huéspedes. Calum los mezclaba con refrescos.
Sólo cuando ya estaba en la frontera sospechó que algo estaba mal con su vista, y se lo contó a sus amigos.
“Estábamos de acuerdo en que era extraño, pero pensamos que se trataba de una intoxicación alimentaria y que la luz que veía era algún tipo de sensibilidad”, explica a la BBC.
Pero cuando