Lo que comenzó como una noche de copa continental en Buenos Aires terminó en caos: proyectiles cayendo desde las gradas, un hincha desplomándose desde las terrazas, la policía paralizada. El partido abandonado reavivó la política, el debate sobre la seguridad y una verdad persistente: el espectáculo sigue superando a la seguridad.

Un estadio que se vuelve hostil

Los primeros sonidos eran los habituales de un clásico: cánticos que subían en oleadas, bombos retumbando como truenos. Luego, los radios crepitaron. Los guardias se tensaron. Desde la tribuna superior del Estadio Libertadores de América, donde los hinchas visitantes de Universidad de Chile habían sido ubicados directamente encima del sector de Independiente, comenzó la lluvia: asientos, escombros, instalaciones, incluso inodoros

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