En una ventosa llanura boliviana, los arqueólogos se toparon con un templo donde no debería haber ninguno: un complejo masivo de estilo tiwanakota escondido bajo siglos de pisadas. El hallazgo redibuja la frontera de un imperio desaparecido y revela cómo la religión, el comercio y la política alguna vez convergieron en un suelo sagrado.

Un templo donde no debería haber templo

Palaspata, al sureste del lago Titicaca, parece ordinario: estepa amarillenta, arbustos dispersos, un sendero desgastado por pastores y cascos. Sin embargo, ese sendero biseca el perímetro de un monumento perdido. Durante generaciones, los lugareños caminaron sin saberlo a través de la geometría olvidada de Tiwanaku.

El muro de arenisca roja que cruzaban ahora está confirmado como el contorno de un templo del tamañ

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