Dos explosiones en un solo día —un coche bomba en Cali y un ataque con dron que derribó un helicóptero de la policía cerca de Medellín— no fueron una sorpresa. Fueron el precio predecible de la complacencia, que expone cómo la inercia y la negación envalentonan a los grupos armados de Colombia.
La complacencia se enfrenta a un enemigo que se adapta
Al menos dieciocho muertos y decenas de heridos deberían cerrar cualquier discusión sobre si el modelo actual de seguridad en Colombia es sostenible.
En Cali, un coche bomba explotó al lado de una calle concurrida frente a la Escuela Militar de Aviación Marco Fidel Suárez. La explosión destrozó viviendas y mató a transeúntes. Horas antes, cerca de Amalfi, un helicóptero de la policía en misión de erradicación de coca fue derribado por un dron