Conozco el dolor de la pérdida íntimamente. Soy investigadora del duelo, profesora de trabajo social y viuda. Perdí a mi marido, Brent, en un accidente por ahogamiento cuando tenía 36 años. Estuvo desaparecido dos días antes de que encontraran su cuerpo.

Brent era psicólogo especializado en duelo, y ambos estábamos capacitados para apoyar a otros en su sufrimiento. Sin embargo, nada podía prepararme para mi propia pérdida.

La investigación y la experiencia personal me han demostrado que una pérdida profunda altera el sistema nervioso, provocando intensos cambios emocionales y desencadenando una cascada de síntomas físicos.

Este tipo de dolor puede hacer que los momentos cotidianos se vuelvan insoportables, por lo que aprender a gestionarlo es esencial para sobrevivir al duelo inicial.

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