Al mediodía en Mount Pleasant, Washington, los cafés y pupuserías que antes desbordaban música y conversaciones hacia las calles están casi vacíos. Tropas de la Guardia Nacional y un despliegue de agentes federales patrullan ahora el vecindario, profundizando el temor a la deportación y apagando el ritmo cotidiano de este enclave latino.
Una pancarta, un silencio y una comunidad en tensión
Las fachadas color pastel de las casas adosadas de Mount Pleasant aún brillan bajo el sol veraniego, pero la banda sonora ha desaparecido. Patios que antes vibraban con bachata y risas están desiertos; adentro, un solo cliente se demora con su café. En la plaza principal cuelga una pancarta en español: “No a las deportaciones en Mount Pleasant. No a la Migra.”
Desde que el presidente Donald Trump dec