Santiago de Compostela (España), 27 ago (EFE).- Cuando un incendio cercó una pequeña población gallega, en el noroeste de España, los vecinos se echaron al monte con batefuegos. A ellos se unió sin dudar un grupo de inmigrantes subsaharianos asentados en esa localidad, a quienes la barrera del idioma o la falta de medios no les frenó para ayudar a sofocarlo.
A Gudiña, el pueblo donde se registró este incendio, tiene una población dispersa geográficamente y envejecida con algo más de un millar de habitantes y es una de las puertas de entrada a la comunidad de Galicia, aunque no es tan habitual que lo sea para los inmigrantes, que suelen acudir a núcleos urbanos más grandes.
Pero desde el pasado octubre un grupo de once jóvenes de Mali y Senegal está instalado en el pueblo, donde trabajan