Tumaco, (Colombia), 31 ago (EFE).- Las hermanas Jaqueline y Jessi Sevillano caminan por las calles de Tumaco, en la costa pacífica del suroeste de Colombia, con la sonrisa inigualable que da la firme convicción de que los emprendimientos también pueden cambiar el mundo.

Las largas cuarentenas por la pandemia, la falta de recursos y el miedo que causa una crisis mundial fueron el motor para iniciar un sueño que hoy trasciende fronteras: hacer harina con cáscaras de camarón.

La iniciativa nació luego de recorrer su municipio, pesquero por tradición, e identificar que, por cada 15 toneladas de camarón extraído del mar, siete toneladas de cáscaras y la cabeza del crustáceo regresan como desechos que producen contaminación.

“Nos dimos cuenta que otras mujeres como nosotras habían perdido el

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