A l pie de la escalinata de la presidencia de la Cámara de Diputados de Donceles con una silla plegable en las manos, la poderosa barba sobre el pecho, la mirada firme y la voz desafiante, un hombre de traje gris se le encara a un diputado jalisciense armado con una escuadra calibre .45.

–¡Órale, Cabrón!, le grita.

El diputado –quien ha bajado de la tribuna a tropezones, encarnado de coraje– duda un instante, y cuando quiere apuntar el arma, otro llega por detrás, le sujeta la muñeca, se la eleva y lo desarma. Los murmullos se acaban. La presidencia llama al orden. Se suspende la sesión.

Al barbudo lo fuerzan a salir del edificio.

Ni siquiera es diputado. Es un activista del Partido Acción Nacional y su nombre –él no lo sabe todavía— está destinado a una notable fama política de ave

See Full Page