
BANJUL, Gambia (AP) — Kawsu Leigh se retorcía de dolor en el barco pesquero: su piel quemada estaba tan moteada como la pintura de la cubierta bajo él. Las quemaduras, en carne viva y pringosas, le cubrían casi toda la parte superior del cuerpo.
Su día comenzó de manera normal: con su turno en uno de los barcos de propiedad extranjera que realizan pesca comercial en aguas de África Occidental. Terminó con él herido de tal gravedad a causa de un incendio provocado que aún no ha podido recuperarse, un año después del incidente.
Los pescadores locales, indignados por lo que llaman invasión ilegal y sabotaje por parte de las embarcaciones extranjeras frente a Gambia, habían confrontado de nuevo a uno de los barcos: el Abu Islam, de propiedad egipcia.
Pero Leigh era un marinero local también. El video del ataque, obtenido en exclusiva por The Associated Press, documenta un problema emergente en la lucha por el dominio de las aguas de África Occidental. Los gambianos ahora enfrentan a otros gambianos en el mar, impulsados por las fuerzas del mercado —y los apetitos extranjeros— que escapan a su control.
El problema surgió de los intentos de reformas. Para dar a los locales más voz y voto en la pesca comercial, el gobierno de Gambia exige ahora que los buques extranjeros que operan en alta mar lleven un cierto porcentaje de tripulación gambiana.
Esos locales se han convertido en un blanco accidental de una ira que comprenden bien tras intentar competir con buques de propiedad china y de otros países con poco más que pequeñas embarcaciones de madera y sus manos desnudas.
El video, compartido por la Asociación de Marineros de Gambia, fue filmado minutos después del ataque incendiario. La AP revisó más de 20 videos similares de diversas fuentes que muestran enfrentamientos desde 2023. Leigh dijo que le sorprende haber sobrevivido y no le gusta que los gambianos se hayan convertido en rivales.
Otros enfrentamientos en aguas costeras de Gambia han sido mortales, y en ellos, al menos 11 pescadores locales han muerto en los últimos 15 años.
“Para la mayoría, cuando van a pescar, es como si fueran a la guerra”, dijo Abdou Sanyang, secretario general de la Asociación de Marineros de Gambia.
Los combates amenazan con desgarrar las comunidades pesqueras, mientras que la sobrepesca para abastecer a los compradores de mariscos del mundo socava los medios de vida de todos. Existe la preocupación de que la población de peces de Gambia colapse en los próximos años. Ese sería un desastre comercial y ambiental en un pequeño país con dos motores económicos principales: el turismo y los mariscos.
Durante generaciones, los pescadores de Gambia no han conocido otro trabajo. Ahora, la presión financiera de competir con embarcaciones extranjeras lleva a algunos a rendirse. Se ven tentados a vender sus embarcaciones para que sean utilizadas en otra industria en auge: la migración hacia Europa a través de las peligrosas aguas del Atlántico.
Algunos pescadores se convierten en emigrantes ellos mismos, con la esperanza de encontrar una suerte distinta del otro lado del mar. Leigh, incapaz de mantener a su familia, considera ahora esa posibilidad.
Famara y Salif Ndure son hermanos de la comunidad pesquera de Gunjur. Dicen que han perdido más de la mitad de sus redes de pesca a causa de los barcos de arrastre extranjeros que tiran de ellas y las dañan.
“Los ves cortar tu red, pero no puedes hacer nada porque dos hombres no pueden enfrentarse a 20 o 30 hombres en el mar”, dijo Famara. Los hermanos agregaron que se oponen a atacar a los barcos con compatriotas a bordo.
Afirman que los barcos extranjeros se han vuelto cada vez más agresivos durante el actual gobierno del presidente Adama Barrow, quien asumió el poder tras el derrocamiento del exdictador Yahya Jammeh en 2017. Gambia reabrió sus aguas ese año a los barcos de propiedad extranjera.
Famara refirió que las redes de pesca son cortadas a menudo durante la noche, cuando los barcos extranjeros cruzan las zonas autorizadas para pescar. Los pescadores locales tienen derechos exclusivos de pesca dentro de las 9 millas náuticas de la costa, pero aseguran que los barcos de arrastre se acercan hasta 5. Esto ha hecho que los enfrentamientos en el mar se vuelvan inevitables.
“Donde sea que quieran, vienen y se dan un festín. Por eso nosotros sufrimos”, añadió Famara.
Él y su hermano alguna vez tuvieron 15 redes. Ahora solo tienen tres. Una sola línea de red puede costar 100 dólares, lo que hace que reemplazarla sea casi imposible en un país donde el ingreso per cápita es menor a los 1.000 dólares.
La compensación del gobierno por la pérdida de una red requiere que un observador del Ministerio de Pesca y Recursos Hídricos, asignado a un buque extranjero, reporte una violación de la ley, lo que constituye otro intento de reforma.
Los hermanos se sienten impotentes. Los arrastreros están “destruyendo la nación”, dijeron, y aseveraron que los incidentes se denuncian, pero no se hace nada. Creen que el dinero que el gobierno obtiene de las licencias para arrastreros extranjeros es la razón. Las tasas de las licencias varían; algunos barcos pagan el equivalente a 275 dólares por tonelada.
“Nos dicen que nosotros, los barcos pequeños, no pagamos lo que pagan los arrastreros”, añadió Famara.
El gobierno de Gambia no respondió a las preguntas de la AP.
La mayoría de los barcos pesqueros extranjeros operan sin la documentación apropiada y con aparejos no autorizados, dijo Lamin Jassey, presidente de la Asociación de Conservacionistas y Ecoturismo de Gunjur. El grupo local trabaja en la conservación marina y aboga por una mejor política pesquera.
Las violaciones son tan flagrantes que los barcos extranjeros apenas ocultan su presencia cuando invaden las aguas locales por la noche, reportó Omar Gaye, miembro de una cooperativa local no gubernamental de grupos pesqueros.
“Incluso piensas que hay una ciudad debido a las luces”, agregó.
Salif, uno de los hermanos, se hizo a la mar el año pasado con un oficial de la marina gambiana para denunciar a un barco pesquero extranjero tras una confrontación por su presunta invasión. No se tomó ninguna medida.
Terminó por filmar lo sucedido en el mar y lo publicó en línea con la esperanza de obtener una respuesta oficial algún día.
Un caso importante llegó a los tribunales de Gambia por conflictos pesqueros, y otro está en preparación. Uno es el incendio provocado que afectó al barco de Leigh. El otro es una colisión ocurrida el año pasado entre un barco arrastrero extranjero, identificado por pescadores locales como el Majilac 6, y una embarcación local, en la que murieron tres pescadores locales.
Son casos poco frecuentes en un país donde la búsqueda de justicia requiere tiempo y dinero que mucha gente no tiene.
Gaye expresó su frustración con el Majilac 6 que, aseguró, pescaba demasiado cerca de la costa, y con las autoridades gambianas, que no investigan adecuadamente las muertes, señaló.
“No sabemos por qué, hasta ahora, este asunto está pendiente. Nadie habla de ello. ¡Y este es un caso penal, un delito contra el Estado!”, expresó sobre el caso. Las autoridades no han visitado a las familias de los fallecidos ni han ofrecido una indemnización, añadió.
Omar Abdullah Jagne, director gerente del grupo de embarcaciones Majilac Group, cuyos propietarios provienen de varios países, no respondió a las preguntas de la AP. El propietario del Majilac 6 no fue claro.
Maget Mbye y Fatou Jobe, su esposa, perdieron a su hijo de 22 años en la colisión.
“Esto es muy doloroso y nada puede pagarnos por su alma”, manifestó Mbye. “Siguen trabajando como si nada hubiera pasado ... Queremos que el gobierno ayude”.
El gobierno intenta patrullar el mar.
En marzo del año pasado, antes de la colisión mortal, unidades armadas de interdicción marítima de la armada de Gambia detuvieron ocho barcos de arrastre extranjeros por delitos como pescar en aguas protegidas, pescar sin una licencia válida, declarar falsamente las capturas y utilizar mallas de tamaño menor que atrapan peces más pequeños de lo permitido. Casi todos fueron acusados de pescar dentro de la zona reservada para los pescadores locales.
Fue un despliegue poco común. La armada de Gambia, que cuenta con escasos recursos, ha dependido del apoyo internacional de organizaciones sin fines de lucro para vigilar sus aguas.
El Majilac 6 estaba entre los barcos detenidos.
Las embarcaciones pronto regresaron al mar y los lugareños reportan que continuaron con su pesca en aguas gambianas.
Gaye y otras personas se indignaron al enterarse de que la colisión mortal se le atribuyó al Majilac 6. Dijo que este tipo de colisiones han causado la muerte de al menos 11 pescadores locales en la última década y media.
También señaló un doble rasero en la aplicación de la ley, y agregó que el caso del incendio provocado del año pasado contra el buque de propiedad egipcia se resolvió rápidamente.
“Cuando se trata de pescadores artesanales, no hay justicia. Pero cuando se trata de buques pesqueros industriales, el efecto inmediato es que habrá justicia”, manifestó.
Las multas por infracciones no son fijas y pueden negociarse. Los reincidentes enfrentan escasas sanciones. Jassey dijo que muchos pescadores gambianos creen que los arrastreros suelen recibir alertas antes del despliegue de las unidades de interdicción marítima.
Debido a que Gambia es tan pequeña, los buques extranjeros suelen atracar en el vecino Senegal en lugar de en la capital de Gambia, lo que reduce las posibilidades de que las autoridades locales los confronten.
Pero el mes pasado, el ejército de Gambia informó que la marina había detenido tres buques por infracciones como pescar sin autorización y usar equipo de pesca ilegal. Uno de ellos era otro barco perteneciente al Majilac Group.
Hay muy pocos observadores externos de la industria pesquera de Gambia y la recopilación de datos es escasa. Sea Shepherd, una organización conservacionista sin fines de lucro, tiene un acuerdo con Gambia para patrullar conjuntamente las aguas del país, pero no visitó aguas gambianas el año pasado como parte de su misión para combatir la pesca ilegal en las costas de África Occidental.
La Asociación de Marineros de Gambia ahora anima a los pescadores a videograbar las presuntas infracciones cometidas por embarcaciones extranjeras y los enfrentamientos violentos. Graba, no pelees, dice.
La misma asociación también proporciona a los arrastreros extranjeros la tripulación local que exige el gobierno. En los últimos dos años, el gobierno de Gambia ha incrementado la cuota del 20% a al menos el 30%, lo que significa un mayor potencial para que los gambianos se enfrenten entre sí.
Estos pescadores no reciben capacitación sobre qué esperar ni sobre cómo protegerse de lo que Sanyang, el director de la asociación, llamó una “guerra marítima”.
El conflicto en el mar frente a las costas de Gambia se produce a la vez que disminuyen las poblaciones de peces. Cefalópodos como la sepia y peces como el mero, la sardinela y la bonga están sobreexplotados, según un informe de Amnistía Internacional de mayo de 2023 sobre el costo humano de la sobrepesca en la región.
La asociación de marineros cree que, en el futuro, los barcos extranjeros se trasladarán a aguas de países cercanos como Sierra Leona y Guinea Bisáu, en busca de más peces y menos oposición local.
La disminución de las poblaciones de peces ha afectado la seguridad alimentaria en Gambia. Los precios han aumentado y han puesto el pescado fuera del alcance incluso de quienes lo sacan del mar.
En cambio, la mayoría de los gambianos “dependen del pollo importado de todo el mundo, lo cual es muy triste”, dijo Jassey.
Calificó la situación de los pescadores locales de “muy frágil”. La competencia con los barcos de arrastre extranjeros ha dejado a muchos sin poder costear el trabajo.
Y los traficantes de personas compran sus barcos.
“Estos agentes tienen mucho dinero. Pueden comprar el barco pesquero por trescientos a cuatrocientos, quinientos mil dalasis, ya sabes, del pescador que lleva seis o siete meses sin pescar”, dijo Jassey. “Así que esto es muy, muy grave. Por eso estamos perdiendo a muchos de nuestros jóvenes”.
Leigh, de 24 años, que aún se recupera del incendio provocado del año pasado, ha gastado en medicamentos la totalidad del dinero que recibió del barco de arrastre extranjero como compensación —51.000 dalasis— junto con tres meses de su salario de 17.000 dalasis.
Ahora considera la posibilidad de dejar la pesca y arriesgarse a emigrar a Europa.
“Solo quiero trabajar para mí y mi familia, para sobrevivir”, dijo.
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El periodista de The Associated Press Mustapha Manneh, en Banjul, Gambia, contribuyó a este despacho.
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Este artículo contó con el apoyo de fondos de la Walton Family Foundation. La AP es la única responsable de su contenido.