Aunque a muchos les gusta llamar , lo cierto es que debemos traducir los nombres de pila de la realeza: no llamábamos Elizabeth a su suegra ni Philip a su suegro, sino Isabel II y Felipe, duque de Edimburgo, y así sucesivamente. Tampoco entiendo por qué se le llama machaconamente «Kate Middleton» cuando ya es princesa de Gales. Pues bien, los príncipes Guillermo y Catalina, como es propio en una institución hereditaria, calientan ya musculatura monárquica. Esa «educazione al ruolo» –en palabras de Domenico Fisichella– es decir, prepararse desde mucho tiempo atrás para el papel que van a desempeñar, es una de las virtudes del principio hereditario de las monarquías.

Nuevo hogar

Los ya han manifestado ideas propias respecto a temas relevantes como es el lugar donde van a vivir: desde 2022

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