Cada año, millones de toneladas de comida terminan en la basura mientras millones de personas en el mundo padecen hambre.

Comprar de más en el supermercado, olvidar frutas y verduras en el refrigerador o servir porciones más grandes de lo necesario son prácticas cotidianas que, sin darnos cuenta, alimentan un problema global: el desperdicio de alimentos.

Este hábito no solo significa tirar comida, también implica desperdiciar todo el esfuerzo, el agua, la tierra y la energía invertidos en producirla.

Además, contribuye a aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, al cambio climático. Según datos internacionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, cerca del 14% de los alimentos producidos se pierde entre la cosecha

See Full Page