El partido conservador se enfrenta al dilema de si subirse al radicalismo de su senadora para ganar visibilidad o mantener la moderación sin un liderazgo claro

Los vacíos no existen en política: espacio que queda libre, espacio que es ocupado por alguien más. El experimento fallido de Xóchitl Gálvez, con el que la oposición pretendió sin éxito disputarle el poder a una Claudia Sheinbaum que heredaba todo el capital político de su predecesor, dejaron de nuevo vacante el liderazgo de la derecha mexicana. Tras un año en el que el PAN no ha levantado cabeza, otro verso libre, menos campechano y más radical, ha levantado la mano. La senadora Lilly Téllez, audaz, provocadora y experta en polarizar con el Gobierno, ha vuelto a despuntar entre los suyos como un posible relevo no exento de riesgos

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