La guerra tiene sus propios sonidos. En varios de los lugares de Colombia que más sufren la violencia, como el departamento del Cauca o la región del Catatumbo, en la frontera con Venezuela, los habitantes han aprendido a reconocer el zumbido de los drones. Los grupos armados ilegales los utilizan para lanzar explosivos, cada vez con mayor frecuencia. Ese rumor, que acentúa la zozobra de las comunidades, se ha convertido en la advertencia que los hace correr a buscar refugio.

Por Santiago Torrado | EL PAÍS

Las noticias sobre esos artefactos acondicionados con cargas explosivas se multiplican. Más de un observador teme que el fenómeno adquiera una nueva dimensión después de la caída de un helicóptero antinarcóticos, un confuso episodio que provocó la muerte de 13 policías la semana pasada

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