La ilusión es el motor de la vida pero también puede resultar un peligro, tanto en el amor como en el dinero. Los defraudadores están a la que salta, y han visto una oportunidad que ni pintada en los afortunados que tienen dinero para invertir ya no en ladrillo, acciones o un fondo de pensiones, sino en relojes suizos caros, coches de carreras italianos o alemanes, vino, cuadros, arte... y también whisky.

Son los llamados activos pasionales, que se han puesto de moda en la medida en que el rendimiento de inversiones más convencionales se ha estancado. De la coyuntura sacan tajada empresas que –a veces rozando la ilegalidad y otras en fraudes descarados– se aprovechan de la ingenuidad de los compradores (o de que en el fondo no necesitan el dinero) para engatusarlos con cajas o barriles de

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