Así suele ser en la vida de los países. Máxime cuando el poder tóxico siembra los vientos que sabe sembrar: los vientos tóxicos.
Los vientos que producen despotismo político, ruina económica, colapso educativo, de salud y demás servicios públicos; y desde luego una masiva emigración.
Vientos tóxicos que degeneran al poder en una maquinaria de corrupción criminal, con estrechos vínculos con fuerzas terroristas estatales y para-estatales de medio mundo.
El saqueo de los activos de un país es un viento tóxico o más bien un vendaval que se lleva por delante todas las garantías jurídicas de seguridad productiva.
Y ni hablar de las parodias comiciales, es las que la voluntad popular es burlada y abolida. Y con ella la soberanía constitucional.
No es de extrañar que tanto viento tóxico acumu

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