Por Juan Pablo Liévano

La “paz total” fracasó rotundamente. Intentar celebrar acuerdos de paz con Raimundo y todo el mundo , sin ningún plan, ni consideración de tipo legal o político, es una falta de respeto con el país. El Gobierno cree que “poder es querer”, que incluir delincuentes de toda ralea en los diálogos es adecuado, incluso si ya fueron parte de un proceso de paz anterior, y que realizar altos al fuego o despejes, renunciando al deber constitucional de garantizar la seguridad y la defensa de la vida, honra y bienes de los colombianos, es el camino a seguir.

Todo raya con lo impráctico e ilegal, especialmente por el desmantelamiento de las capacidades militares y de inteligencia, y por el contubernio entre el Estado y los grupos armados delincuenciales, como se ha revelado

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