Imagina un enemigo que no se ve venir: una mosca diminuta, casi imperceptible, que deposita huevos en una herida abierta. Horas después, larvas voraces emergen y devoran tejido vivo, convirtiendo a un animal sano en un cadáver andante. No es una escena de película de terror, sino la cruda realidad del gusano barrenador del ganado (Cochliomyia hominivorax), una plaga que México creía erradicada hace décadas.

Pero en 2025, esta pesadilla regresó con fuerza, no sólo para el ganado, sino para perros y gatos callejeros, y hasta humanos en comunidades marginadas. Peor aún: mientras el gobierno federal invierte miles de millones en reses, los 33 millones de perros sin hogar —la mayoría en zonas pobres— se convierten en vectores silenciosos de una crisis que podría escalar a ciudades enteras.

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