Thierry Frémaux siempre vuelve a Buenos Aires con una energía que sorprende: a casi veinticinco años de asumir la dirección artística del Festival de Cannes, conserva la misma devoción cinéfila que aquel joven que pasaba tardes enteras en salas francesas, descubriendo clásicos sin sospechar que algún día custodiaría el mayor archivo Lumière y conduciría el festival más influyente del mundo. Hoy, entre plataformas que se expanden, circuitos de exhibición que se transforman y una conversación global cada vez más fragmentada, Frémaux insiste en que la oscuridad compartida de una sala sigue siendo insustituible. Cerrando hoy una nueva Semana del Cine de Cannes en Buenos Aires, habla del futuro, de la memoria, de la defensa del cine como acto cultural y, sobre todo, de la experiencia que solo l

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