Este es el libro del año, o mejor: el libro de todos estos años, no importa cuándo comienza la cronología. Y también es el libro de lectura de la transcripción de los diálogos –acaso intercambios bélicos– entre la repetición cuasi infinita de un Borges visitando a un Bioy (como si cada uno fuera a multiplicarse). Uno y otro, singulares, indivisos, nunca intercambiables.

Y entonces el lector de esta ceremonia del lector por excelencia (Chitarroni) encuentra una partitura para piano tipográfico (también gráfica: paréntesis, signos, etcéteras). No alcanza ni el borde de la página. Porque la escritura se va y vuelve, rompe los marcos de referencia, esquiva las trampas, las trombosis del entusiasmo, escombros de un debate postergado, también las lagunas de mala sangre y sospecha.

No es que Ch

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