Marcos, estudiante de 21 años, reconoce que le cuesta “muchísimo” leer un libro entero porque no encuentra “ni el tiempo, ni la forma, ni las ganas”. Por ello se ayuda de la IA cuando necesita leer un texto o libro para clase. “¿Quién no la ha usado a día de hoy?”, se pregunta.

Por su parte, Raquel, de 24, también se apoya en herramientas de inteligencia artificial cuando no tiene tiempo o “ganas” de leer. Admite que alguna vez ha sentido que por usar la IA se perdía una historia que le podía llegar a gustar, pero no se arrepiente de haberlo hecho —y está segura de que lo volverá a hacer—.

Ni Raquel ni Marcos creen que ayudarse de este tipo de herramientas sea algo peligroso o preocupante, lo consideran simplemente un cambio como cualquier otro en su generación. “No es tan impactante,

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