A finales del año pasado la prensa estadounidense publicó que las empresas petroleras estadounidenses con intereses en Venezuela estaban presionando a la Administración de Donald Trump para que negociara con Nicolás Maduro en lugar de tratar de forzar un cambio de régimen . Tanto Chevron , la única petrolera de Estados Unidos que sigue operando en el país, como los importadores del crudo venezolano o las refinerías que lo procesan, argumentaban que las exportaciones desde Venezuela refuerzan la seguridad energética de EEUU y ayudan a prevenir que otros rivales geopolíticos conquisten nuevos espacios en el país. Lejos de haber tumbado al régimen, sostenían, las sanciones de su primer mandato solo empobrecieron la economía y propulsaron la emigración venezolana a EEUU.

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