La tensión creciente entre Estados Unidos y Venezuela ha dominado la conversación pública en las últimas semanas. La presencia militar estadounidense en el Caribe, los cruces diplomáticos y la incertidumbre sobre los próximos pasos han generado inquietud dentro y fuera del país. Sin embargo, detrás de la superficie conflictiva surge una realidad que pocos mencionan: esta tensión confirma que Venezuela sigue siendo un actor estratégico para la estabilidad energética y económica del hemisferio occidental.

En un mundo que busca seguridad energética, corredores logísticos confiables y diversidad de suministros, Venezuela ocupa una posición única. Con enormes reservas petroleras y gasíferas, infraestructura instalada —aunque deteriorada— y cercanía al mercado norteamericano, el país podría con

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