En las últimas décadas se ha producido un cambio notable en la forma en que las instituciones encargadas de evaluar incapacidades consideran ciertas patologías. Enfermedades que antes apenas se tenían en cuenta, como la ansiedad, la depresión o el estrés crónico, ahora son reconocidas como causas válidas para otorgar determinados grados de incapacidad . Este cambio de paradigma refleja una mayor comprensión de la relación entre salud mental y capacidad laboral, así como un esfuerzo por proteger a trabajadores que antes quedaban desprotegidos.
El procedimiento para acceder a un grado de incapacidad suele comenzar con la solicitud del trabajador ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social , acompañada de informes médicos que acrediten la gravedad de la patología y su impacto en la

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