Rodeado de prados intensamente verdes y custodiado por el macizo de Izarraitz , este pueblo de Guipúzcoa es mucho más que un destino de peregrinación. Aunque su famoso Santuario de Loyola suele llevarse todo el protagonismo, la localidad de Azpeitia combina historia, arquitectura monumental, naturaleza y uno de los museos ferroviarios más prestigiosos de Europa. Además, el río Urola atraviesa el municipio aportando una banda sonora suave y constante.

El corazón espiritual del valle: Loyola y su legado

El Santuario de Loyola, situado a menos de dos kilómetros del centro, es el corazón espiritual del pueblo. El conjunto se levantó alrededor de la casa natal de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús y figura clave de la historia vasca . La pieza más espectacular es la Basílica de Loyola, diseñada por el arquitecto italiano Carlo Maria Fontana, discípulo de Bernini , que la concibió como un pequeño Vaticano. Su cúpula alcanza los 65 metros de altura y está construida con mármol del propio macizo de Izarraitz.

En la casa natal de San Ignacio , un edificio de los siglos XIV y XV, se puede visitar la habitación donde el joven Iñigo inició la reflexión espiritual que transformó su vida tras ser herido en batalla. También se conservan espacios como el comedor, la cocina o la bodega, que permiten imaginar la vida cotidiana de la nobleza vasca de la época.

Pero Azpeitia no es solo espiritualidad. Su casco antiguo reúne tesoros arquitectónicos como la iglesia de San Sebastián de Soreasu, la Ermita y el Hospital de la Magdalena, las casas Enparan y Basozabal o el Palacio Antxieta. Callejear por el centro es encontrar casonas tradicionales con balcones de madera, pequeñas plazas y bares donde disfrutar de pintxos, marmitako o bacalao al pil pil acompañados de sidra local.

La localidad también presume de uno de sus grandes orgullos: el Museo del Ferrocarril del País Vasco , ubicado en la antigua estación del Urola. Es uno de los museos ferroviarios más importantes de Europa, con más de 60 locomotoras y vagones restaurados, así como uniformes y objetos históricos relacionados con el mundo del tren. Entre abril y noviembre, los visitantes pueden recorrer el valle del Urola en un tren de vapor con asientos de madera, un viaje que parece una escapada directa al pasado.

Para quienes prefieran caminar, Azpeitia ofrece senderos impresionantes entre montes y praderas. Las rutas por el macizo de Izarraitz llevan a cumbres como Xoxote, Erlo o Kakueta, con vistas de postal. Y quienes busquen un paseo más tranquilo pueden optar por la Vía Verde del Urola, perfecta para caminar junto al río. Además, aquí comienza el Camino Ignaciano , la ruta que San Ignacio emprendió en 1522 rumbo a Manresa antes de dedicar su vida a la predicación.

Entre naturaleza, patrimonio, historia vasca y un “pequeño Vaticano” escondido entre montañas, Azpeitia confirma que su fama no depende solo de su santuario: es un pueblo lleno de vida, cultura y paisajes que merecen una visita pausada.