El Hato Orinoco, en el municipio Tubores del estado Nueva Esparta, es el epicentro de una revolución silenciosa. Aquí, donde el sol calienta la tierra con fuerza, 463 gallinas se han convertido en las protagonistas de un proyecto social y económico sin precedentes. Su cacareo es el sonido de la organización comunal, el rumor de un pueblo que, a través de la consulta popular, decidió tomar el control de su plato de comida. No fue un decreto gubernamental ni la inversión de un privado la que puso en marcha este proyecto; fue la voz colectiva.
La Comuna Batalla de Los Barales, una entidad ya consolidada en la praxis del poder popular, sometió a consideración de su gente la inversión de recursos en un proyecto avícola. El sí fue contundente y se materializó en 463 gallinas ponedoras y, de man

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