Lo dijo al ganar el premio Princesa de Asturias de las Letras: “¡No me dejan jubilar!”. Y, en efecto, así es. Por más que Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) lo intenté, resulta imposible que se desconecte del mundo literario. Es evidente o, como mínimo, se podría sospechar que, en realidad, no quiere hacerlo, por más que a menudo diga que ya ha escrito su última novela. Si no, no habría aceptado convertirse en uno de los embajadores de la delegación barcelonesa que este año aterriza en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, México, como invitada de honor.

Su labor, además, no se limita solo a representar a su ciudad, sino que tuvo que inaugurar el salón literario Carlos Fuentes de la feria, nombrado así como homenaje permanente al gran escritor mexicano. Una responsabilidad

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