A simple vista, las hormigas parecen inofensivas, incluso parte del paisaje natural del jardín. Pero cuando sus caminos comienzan a multiplicarse sobre la tierra húmeda, entre las plantas e incluso en los bordes de las macetas, la sensación de invasión se vuelve inevitable. Lo que antes era un espacio de calma y verde, de pronto se transforma en un terreno tomado por pequeñas filas incansables que avanzan sin descanso.
Es en ese momento cuando aparece un viejo truco que muchas abuelas ya conocían y que hoy vuelve a cobrar protagonismo: el uso del vinagre. Ese frasco que descansa en la cocina, casi siempre destinado a condimentar ensaladas o limpiar superficies, guarda un poder inesperado frente a estos insectos. Su aroma intenso es capaz de desorientarlas al punto de romper el rastro in

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