Si algo se ha acentuado en el curso del siglo XXI ha sido la concentración del poder en manos de un solo individuo. La separación de poderes incomoda a los autócratas, quienes emplean diversos mecanismos para someter a los órganos del Estado a un férreo control del poder ejecutivo.

En América Latina, el modelo que varios gobiernos han replicado fue el instaurado por Fidel Castro en 1959. Conviene recordar que, tras la caída de Batista, Fidel prometió elecciones libres, promesa que nunca cumplió. En lugar de abrir las instituciones, las disolvió y subordinó el sistema judicial al Consejo de Estado, que él mismo controlaba.

En Rusia ocurrió un fenómeno similar. Tras el colapso del comunismo se estableció una democracia frágil, en principio multipartidista. Sin embargo, a partir del año 200

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