El destino de Lisa Cook, quien lucha contra los intentos del presidente Donald Trump de destituirla de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal (Fed), tiene enormes implicaciones para un pilar fundamental de la buena política económica: la independencia del banco central.
En el centro de su intento de destitución, y de otras medidas de la administración Trump para debilitar a la Fed, se encuentra una lucha de poder. Los bancos centrales, instituciones públicas que gestionan la moneda y la política monetaria de un país, poseen un poder extraordinario. Al controlar el flujo de dinero y crédito en un país, pueden afectar el crecimiento económico, la inflación, el empleo y la estabilidad financiera.
Estos son poderes que muchos políticos desearían controlar o, al menos, manipular. Esto