Con la venia de Cerdán, Ábalos, el expresidente de la Diputación almeriense y demás, la familia Pujol ha dominado esta semana la crónica de tribunales, tras la apertura en la Audiencia Nacional de su juicio por presuntos delitos de asociación ilícita, blanqueo de capitales...

Si algo abunda en España, es la corrupción política, gentileza de partidos que dicen ser diferentes pero pisan el mismo charco y luego se echan por la cabeza las respectivas fechorías –como cojos que se reprocharan su cojera–, en lugar de acordar su erradicación.

No habrá para Pujol condena peor que la pérdida del halo que quiso para la posteridad

Dicho esto, el caso de los Pujol es singular. Porque, en sus 23 años en la Generalitat, el expresident encarnó el rol de padre de la patria. Porque la causa ha prosperado

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