La vida está llena de altos y bajos. Algunos previsibles, otros más complejos de sobrellevar. Ser desvinculado de una posición laboral es algo muy duro y complejo de llevar adelante, más aún si no lo vimos venir. Implica enfrentar complicaciones económicas, desafíos familiares, manejar contextos de incertidumbre, entablar conversaciones difíciles con nuestras parejas. Además, nos hace cuestionar nuestras capacidades, porque hemos recibido una clara señal de rechazo.

En mis años de trabajo en procesos de outplacement y coaching, vi a muchas personas transitar este momento con dolor, enojo, miedo o vergüenza. Lo entiendo: el trabajo no es solo una fuente de ingresos, también lo es de identidad, propósito y pertenencia. Cuando perdemos el trabajo, no solo perdemos un salario, perdemos una pa

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