No es común un libro como El último liberal, posiblemente un mal título para estas conversaciones entre Andrés Rosler y Jaime Malamud Goti en el que los autores parecen dividirse las tareas: podría decirse que uno es el encargado de la teoría y el otro de los trabajos prácticos. El prólogo de Carlos Pagni confunde un poco las cosas y al final sugiere, en nombre del psicoanálisis y de algunas anécdotas personales, que tal vez el “Juicio a las Juntas no se hubiera llevado a cabo si la relación de Malamud con su padre hubiera sido más armoniosa”. No me parece que la coquetería intelectual del prologuista justifique emitir ese tipo de hipótesis incomprobables. El tema es demasiado importante como para andar soltando contrafácticos.

La frivolidad de la presentación no alcanza a ocultar que el

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