Por Rubén Valle

De acuerdo con los archivos bíblicos, el libro de Daniel relata el sueño del rey Nabucodonosor: una estatua gigante con pies de barro se derrumba al ser golpeada por una piedra, simbolizando así la fragilidad de la base a pesar de la solidez del resto de su cuerpo. Esta imagen se ha incrustado en nuestro lenguaje para describir a ídolos, líderes o figuras públicas que, a pesar de su innegable poder o popularidad, esconden una ‘humana’’ vulnerabilidad. Debilidad que, al exponerse, puede provocar su estrepitosa caída. Una caída que, como es de esperar, hará no poco ruido.

Los casos de los expresidentes Cristina Fernández de Kirchner, Jair Bolsonaro y Nicolas Sarkozy son una muestra trágica y elocuente de este fenómeno. Son apenas tres ejemplos en el vasto escenario político

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