Los primeros vertebrados terrestres emergieron del mar cuando la abundancia de alimento y la necesidad de escapar de depredadores impulsaron su desplazamiento hacia ambientes firmes. La tierra ofrecía oxígeno directo y un espacio con menor competencia , aunque obligaba a transformar su estructura corporal. Las extremidades se modificaron para soportar el peso en un entorno sin flotación, y los pulmones reemplazaron a las branquias como sistema respiratorio principal.

Esa transición no fue un salto inmediato, sino una secuencia prolongada de adaptaciones que permitió a los animales colonizar un medio completamente distinto. La posterior evolución diversificó a esas especies hasta convertirlas en reptiles, aves y mamíferos, lo que a su vez sentó las bases para un proceso inverso: el retorno al agua .

Un método de guerra reaparece en los laboratorios de paleontología

Según la revista Current Biology , los reptiles marinos del Paleozoico conservaron hábitos anfibios y regresaban con frecuencia a tierra firme. Sus proporciones óseas y el tipo de parto, con crías vivas, muestran que mantenían vínculos estables con el ambiente terrestre. Ninguno alcanzó un grado de especialización acuática total, lo que indica que las condiciones del periodo aún favorecían la alternancia entre ambos medios. Este hallazgo cambia la visión sobre la secuencia evolutiva de las primeras especies marinas posteriores a los peces óseos.

Diversos linajes repitieron el regreso al mar con soluciones distintas

El estudio incorpora un modelo estadístico desarrollado en la Segunda Guerra Mundial y lo adapta a la paleontología. Originalmente, esa técnica servía para calcular la probabilidad de que una señal en el radar correspondiera a un avión enemigo. En su versión actual, el método permite evaluar si un fósil presenta características propias de animales con aletas . La comparación de patrones matemáticos sustituye las conjeturas previas por resultados medibles y replicables.

El análisis de más de 11.000 mediciones de huesos, realizado por investigadores de la Universidad de Yale y del Museo de Historia Natural de Florida, determina con más de un 90% de exactitud si una especie extinta fue acuática . La longitud de la mano respecto al antebrazo constituye el indicador principal. Cuanto mayor es esa proporción, mayor es la probabilidad de que el animal desarrollara aletas funcionales. Esta relación geométrica se aplica por igual a tortugas, cocodrilos fósiles o ballenas primitivas , lo que demuestra su validez transversal.

Las proporciones de los huesos delatan la vida acuática de especies extintas

La investigación documenta al menos seis regresos independientes al agua durante el Mesozoico. Los ictiosaurios, mosasaurios y sauropterigios desarrollaron extremidades convertidas en aletas y adquirieron hábitos marinos completos. Cada linaje lo hizo mediante soluciones anatómicas distintas , aunque todas convergieron en un resultado similar: cuerpos adaptados a la natación continua. Esa coincidencia evidencia que la selección natural favoreció trayectorias paralelas cuando las especies se enfrentaron a desafíos comparables en ambientes acuáticos.

El Spinosaurus confirma la eficacia del nuevo sistema de análisis

El caso del Spinosaurus sirve como ejemplo de la utilidad del método. Este gran depredador del Cretácico, hallado en el norte de África, fue objeto de debate sobre su modo de vida. Las mediciones revelan que su estructura de extremidades corresponde a un animal sumergido gran parte del tiempo . Su morfología coincide con la de cazadores subacuáticos y contradice la idea de que viviera en orillas. En cambio, los mesosaurios , reptiles más antiguos, muestran proporciones que apuntan a un comportamiento anfibio semejante al de un ornitorrinco o un cocodrilo.

Los huesos, pese a carecer de tejidos blandos, se confirman como fuente esencial para reconstruir comportamientos. El análisis comparado entre especies actuales y fósiles permite deducir la función original de cada parte del esqueleto y reducir la incertidumbre en la interpretación de los restos. Según Current Biology , este enfoque elimina gran parte de la subjetividad y proporciona una base empírica sólida para revisar hipótesis sobre la ecología de especies extinguidas.

La evolución no avanza siempre en una sola dirección

El equipo de Yale y Florida extiende ahora la técnica a otros procesos evolutivos, como la adquisición del vuelo en aves derivadas de dinosaurios o la marcha erguida en los primeros homínidos . La precisión alcanzada indica que la morfología ósea guarda más información de la que se pensaba.

El trabajo demuestra que la historia evolutiva no se limita a un avance unidireccional. El regreso de ciertos animales al mar revela una constante de la vida: la adaptación a los cambios mediante soluciones estructurales. El hallazgo de estos patrones en los huesos antiguos, por lo tanto, convierte cada fósil en un registro mensurable de la capacidad de transformación de la naturaleza .