La casa de Marta López siempre ha sido su refugio, su carta de presentación y, para muchos, la prueba de que también existen historias que empiezan desde abajo y terminan en un salón con chimenea, piscina y vestidor de estrella. Una vivienda enorme, luminosa, con ese aire de “vida perfecta” que se enseña solo cuando una está orgullosa del camino recorrido. Pero, como suele pasar en estos casos, cuanto más se mira hacia dentro, más grietas aparecen. Y a Marta se le ha abierto una bien dolorosa.

Porque la colaboradora lleva tiempo moviendo su casa: que si la ponía en venta, que si la visitaba Alejandra Rubio, que si al final nada de nada… la vivienda terminó convertida en tema de tertulia, de pasillo y hasta de mofas. Y, mientras los platós debatían sobre si la hija de Terelu tenía dine

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