Cada año, mientras ciudades como Vigo presumen de sus espectáculos luminosos y países como Venezuela o Portugal compiten por encender antes que nadie la Navidad, existe un municipio andaluz que, discretamente, lleva décadas marcando el ritmo real de ese calendario.

Aunque pocos lo saben, es allí donde la Navidad empieza de verdad.

Una luz por casualidad. La historia comienza en Puente Genil , una localidad que, antes de convertirse en un referente mundial de la iluminación festiva, ya tenía una relación íntima y casi genética con la electricidad. A finales del siglo XIX, su fábrica de harinas y electricidad “La Alianza” encendió algunas de las primeras farolas eléctricas de Andalucía.

De aquel idilio temprano con la luz surgiría más tarde un momento aparentemente menor qu

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