La mejora en los indicadores de confianza reabrió una ventana de oportunidad para la economía argentina. Pero sin impulso al consumo, inversión rápida y políticas de reconversión productiva, el entusiasmo podría diluirse en 2026.

El cierre de 2025 encuentra a la economía argentina en un momento poco habitual: un repunte visible en las expectativas. Para quienes alguna vez subestimaron su impacto, este año dejó claro que las percepciones pueden condicionar, y mucho, la dinámica económica. Las dudas, la incertidumbre política, la necesidad del salvataje de Estados Unidos y los bruscos cambios de humor del mercado son factores que dominaron una agenda que hasta hace pocas semanas parecía definida por la desconfianza.

Sin embargo, todo cambió después del 26 de octubre pasado. Los resultados

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