El pasado viernes, 28 de noviembre, se cerraron las puertas de la exposición 'Hradištko. Cuando los dientes de león no florecían' en la Euskal Etxea de Madrid, donde durante dos semanas la memoria de dos pueblos, Busturia y la pequeña localidad checa de Hradištko, ha dialogado en un mismo espacio. La muestra reconstruye la historia del campo de trabajo y exterminio que funcionó en esa localidad durante la ocupación nazi, así como el destino de varias víctimas vascas y españolas. Su clausura marca el final de un capítulo y, al mismo tiempo, la continuidad de un proceso más amplio que Busturia lleva casi una década impulsando: recuperar su memoria histórica, reconstruir relatos fragmentados y devolver dignidad a quienes quedaron atrapados en los silencios de la posguerra y la deporta

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