Por María Laura García

Confieso que, esta mañana, la cama se sentía como un refugio que me abrazaba un bienestar que solo podía superarlo el bienestar que sentimos por un triunfo. Tenía razones de sobra para quedarme sumergida en el confort: una especie de virus que me ha tenido limitada por dos días, un cansancio innegable y, por supuesto, mis enemigos mentales que andan espantándome con la bulla de que el mundo se acaba en cualquier momento por el bombardeo mediático, eso sin contar, el agotamiento derivado del estrés que genera cualquier «triqui traqui» en la madrugada se siente como la confirmación de que comenzó “la fiesta”.

A pesar de todo eso les cuento que me gané a mí misma y … ¡salí a correr!

En principio, mi plan eran 21Kms, pero tuve que recalcular. No quise forzar mi sistem

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