El reloj biológico organiza procesos internos que marcan el ritmo del organismo a lo largo de cada jornada. Aunque actúa de forma automática, su funcionamiento tiene impacto directo en la energía diaria, las fluctuaciones del apetito y la calidad del sueño. Estas variaciones responden a un mecanismo natural conocido como ritmos circadianos, clave para explicar por qué ciertos horarios resultan más adecuados para algunas actividades.
La ciencia señala que este sistema interno responde a estímulos externos como la luz, la temperatura o los horarios de alimentación. Por eso, cuando estos factores cambian, el reloj interno también puede desajustarse.
Los especialistas destacan que comprender estos ciclos facilita interpretar por qué la concentración aumenta en determinados momentos,

Clarín

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