En Vigo, uno de los lugares de la geografía española donde las luces, en este caso las de Navidad, importan tanto o más que el fútbol , el Espanyol provocó un apagón general. Un cortocircuito diseñado por Manolo González, que tuvo la poco original idea y quizás por eso brillante, de defenderse con todo durante 86 minutos y ejecutar a su rival al final, cuando no cabía capacidad de reacción. No habrá forma de que el Museo del Prado se interese por este partido, soporífero por momentos, pero el gol de Kike García tras un oportuno cabezazo al saque de un córner es la confirmación de que este Espanyol va muy en serio a por Europa.
El fútbol le devolvió al equipo blanquiazul en Balaídos los años de salud que tantas veces le restó en otros tiempo. No fue el mejor encuentro de los pericos, o

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