Poner en valor y recuperar una tradición de siglos es la labor que todos los domingos o “festivos” realiza Aitor Loizaga en la iglesia de la Encarnación de Bilbao . Reconoce que repicar campanas de manera manual “es inexplicable” ya que “me gustan desde que era pequeño. La primera campana que toqué fue la de San Juan de Gaztelugatxe” . Y, precisamente, el toque manual de campanas celebra su tercer aniversario desde que fue declarado Patrimonio inmaterial de la Unesco . La profesión de campanero está en vías de extinción aunque antiguamente era “un oficio remunerado en algunos casos y que se aprendía de manera oral de generación en generación”.

Los cambios sociales y urbanísticos han provocado que con el paso del tiempo escuchar el repique de campanas e identificar los sonidos se h

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