Lomo Magullo es mucho más que un punto en el mapa de Telde. A tan solo cinco kilómetros del casco urbano, este barrio rural conserva el pulso de una vida que se forjó entre barrancos, trabajo agrícola y una fuerte identidad comunitaria. Aquí, cada calle empinada y cada piedra tiene una historia que contar, aunque muchas de esas historias corren el riesgo de desaparecer. Durante buena parte del año, la tranquilidad domina. Pero cuando llega agosto, algo cambia. El pueblo despierta con fuerza para celebrar sus fiestas patronales en honor a la Virgen de las Nieves, un evento que moviliza no solo a los vecinos actuales, sino también a quienes emigraron pero regresan, aunque sea por unos días, para reconectar con sus raíces.
Esta localidad nació al calor de la agricultura, en una zona donde